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GABRIEL ROAR

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Me gradué de Comunicación en la Universidad Católica Andrés Bello, inmediatamente comencé mis estudios de Especialización de Dinámica de Grupos en el Institute of Culturals Affairs, me topé con el concepto de Economía de las Caricias de Eric Berne, el cual básicamente plantea que necesitamos un mínimo de contacto con el otro y que si ese número de “caricias” no las encontramos de forma positiva, lo haremos de forma negativa, pues a nivel inconsciente es mejor un golpe que la ausencia de caricias (contacto), ya que implican negación de la existencia y la negación del ser.

“Nosotros enfermamos con el otro, en el encuentro o en el desencuentro, cuando no somos reconocidos como un “legítimo otro” y cuando no recibimos amor ni respeto”.

Poco después conocí la Bioenergética, teoría con la que quedé fascinado al aprender que el cuerpo de una persona contaba su historia en su estructura de carácter y con ello podías conocer cómo tiende a actuar, sentir e incluso pensar; particularmente conocer de un vistazo su historia familiar. Visto a groso modo, era una perspectiva “estereotipada” desde un enfoque clínico, de los cuerpos y de cómo interactuamos desde esos bloqueos y corazas; que expresamos, que no y por qué.

Estas corazas o formas defensivas establecen cómo se mueve la energía vital en el cuerpo, es por ello que establece formas de actuar e incluso formas de enfermar. Lo que nos pasa y cómo lo vivimos moldea nuestro cuerpo y este determina nuestra forma de interactuar en el mundo, son mutuamente influyentes y dinámicos.

Nuestros cuerpos, constantemente están contando una historia de vida y mucho de eso que llamamos empatía deriva de la lectura que hace nuestro inconsciente de las corazas del otro, contándole como nos puede maltratar o desatender. Claro, ese mismo cuerpo también dice: me puedes querer en estos términos a mí y en estos otros yo a ti.

Es una comunicación no verbal de avanzada que va más allá de las señas y las pausas paralingüísticas; implica entender las historias de vida de los otros y sus estrategias al verlos y luego, ratificarlas con la interacción. En esto, todos somos grandes expertos, sólo que es un proceso inconsciente que se vuelve transparente para nosotros a simple vista.

“Estamos hechos a la medida de nuestras creencias y por ellos tenemos la vida que creemos que merecemos, ni más ni menos”.

Desde la Bioenergética había encontrado una herramienta muy poderosa para hacer diagnóstico, sin embargo, yo no sabía cómo tratar ciertos temas basándome en la psicoterapia corporal; así que encontré en la Gestalt, la PNL y la Terapia Familiar Sistémica formas eficientes de manejar el discurso y las relaciones para ayudar al otro en la terapia.

Seguido me formé en Ecología Humana, estudios que comencé en el Núcleo de Estudios Lingúisticos y Sociales, NELS, pero terminé en el Centro de Investigación y Estudios de la Dinámica Social, CIEDIS. Esto me brindó un enfoque que unía la psicología clínica con la sociología y entonces una visión de cómo el hombre sana y se enferma según su entorno.1d5tct

Mi trabajo en ese entonces tenía dos vertientes, una académica en la que daba clases en CIEDIS y otra como consultor para varias grandes empresas como PDVSA, British Petroleum, FORD Motors y varias agencias de Publicidad en la parte de Investigación de Mercado.

Pero el trabajo clínico y mi pasión por la bioenergética me llevaron tiempo después a hacer unos cursos de PsiconeuroImunología con la Dra. Marianela Castés y fue realmente con el paso de los años que reconocí el formidable alcance de esta práctica (admito que aún tengo mucho por estudiar y aprender sobre este tema).

Sin embargo, sentía que me faltaban recursos y que las terapias podían ser más cortas y más eficientes. Así como un accidente o un trauma generan un aprendizaje inmediato, bueno, yo esperaba encontrar alguna fórmula que me permitiera brindarles a mis pacientes y grupos de encuentro algo parecido y que fuera anti-traumático.

En ese recorrido entré a estudiar Hipnosis Clínica en Técnicas Ericsonianas en el Insituto Lationamericano de Coaching y Terapia (ILACOT). Afortunadamente para mí, el Dr. Luis Arocha Mariño, su director, es un gran estudioso y una persona muy formada cuyas inquietudes por brindar opciones eficientes de terapia eran a fin con las mías, o las mías con las de él y considerando su extensa carrera, fue de gran apoyo y guía.

Aquí logré desmitificar la hipnosis y entender su gran y magnífico poder, diferenciando al hombre de circo/espectáculo del que hace clínica seria y eficiente. Como decía el Dr. Arocha: “la hipnosis es a la terapia lo que la anestesia a la cirugía, sólo duermes al individuo, pero si no sabes qué vas a hacer después, pues, nada ocurrirá”.

En ILACOT conocí la propuesta de NEUROCODEX (Neuro-codificación de la Experiencia) y algunas TIC (Técnicas de Integración Cerebral) que me ayudaron y ayudan a erradicar traumas y fobias en una sesión. Sentía que estaba más encaminado en mi trabajo psicoterapéutico y de ayuda al otro.

Por otro lado, desde la adolescencia he meditado y tenido conciencia de mi cuerpo, sus reacciones y sobre todo de la importancia de la respiración. Estas prácticas las he llevado como parte de mi modus vivendis de manera recurrente. Al unir la hipnosis con las meditaciones encontré formas muy efectivas de guiar y acompañar a grupos de trabajo y reconocí el potencial de desarrollo.

En las aulas de ILACOT conocí al psicólogo Valentín Sosnowsky, quien cuenta con una amplia formación en terapia psicocorporal y además, es un experto en Psych-K. Después de ver un par de sesiones, mi curiosidad por esta potente forma de terapia que permitía cambiar una creencia de años en una sentada (literalmente) quedó activada.

Así que le pedí que fuera mi mentor, pues quería dominar esta técnica con el mejor en estas latitudes y afortunadamente accedió. A diferencia de Rob Williams (padre del Pshych-K), Valentín incorporaba en el proceso la sincronización con ondas delta, permitiendo llevar al cerebro a un estado vibracional equivalente al de una hipnosis profunda, pero en total conciencia, exponenciando aún más la efectividad de esta terapia.

 A estas alturas yo había escrito cinco libros, muy técnicos a mi parecer, sin publicar ninguno y tenía casi una decena de cuadernos de apuntes. Sin embargo, todavía me seguía haciendo las mismas dos preguntas cuyas respuestas no encontraba de manera satisfactoria:

¿Qué quiero decir? y ¿Cuál es mi voz?

Con una tormenta de ideas y reflexiones en mi cabeza, me encuentro con Mónico Carvajal quien gentilmente me invita a formarme como Coach en GSP de Venezuela. Era justo lo que necesitaba un coach y él es de los mejores, se los puedo asegurar, para darle sentido y una nueva dirección a esta suma de experiencias, conocimientos e inquietudes.

Joaquin Pérez Rey fue mi coach personal durante la formación y sus oportunas palabras me permitieron hacer puntos de inflexión en mi forma de hacer terapia, en mi forma de estar con los otros y particularmente en la importancia de una escucha activa y responsable.

Me resulta asombroso el cuerpo humano y la historia que cuenta con respecto a cómo fue nuestra niñez, si fuimos y sobre todo, si nos sentimos queridos, amados, respetados y cuidados; sobre nuestras destrezas y capacidades relacionales y al fin de cuenta de cómo desarrollamos el cuerpo como medio para relacionarnos con nuestro entorno.

Nosotros somos y vivimos en nuestro cuerpo, lo que parece obvio y evidente pero noto en muchos pacientes que lo viven como un hecho disociado. Es desde el cuerpo y de cómo estamos cableados (cómo aprendimos a responder al medio que nos rodea) es que nos relacionamos.

Conferencias

En mis conferencias trato los temas de salud, conciencia, vibración, empoderamiento, calidad de vida, crecimiento personal, epigenética (relación entre los pensamientos y como ellos cambian y afectan tus genes).

Uno de los ejercicios que propongo en mis conferencias es pedirle a la audiencia que haga conmigo un pequeño ejercicio para demostrarte cómo a veces, aunque queremos conscientemente hacer algo, nuestras estructuras internas o creencias, dependiendo del caso, no nos lo permiten, y esto puede cambiar sólo si trabajamos en ello, de lo contrario permanecerá como una respuesta automática aunque deseemos otra cosa.

Siéntate y levanta el pie derecho levemente, ahora comienza a hacer círculos con el pie en sentido de las agujas del reloj. Mientras dibujas los círculos, escribe en el aire con la mano derecha el número seis… ajá ¿Qué le pasó a tu pie? ¿Por qué te dejo de hacer caso y cambio de dirección?

Crees que es sólo una cuestión de atención y que esta vez sí lo lograrás, inténtalo de nuevo. Hmmm ¿El mismo resultado cierto? Pues así como te ocurrió con tu pie, te ocurre con un centenar de respuestas en relaciones significativas en las que no te das cuenta de lo que haces, pero sin embargo, el resultado es opuesto al que esperabas.

“Me gusta lograr que mi audiencia comience a hacerse mejores preguntas que les permitan ser a su vez una versión mejorada de ellos, pues se que tiene las capacidades y los recursos para hacerlo”

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