una señora madre con dos hijos una mano amiga a favor de la fertilidad femenina

Anita Kirshbom Mardones: una mano amiga a favor de la fertilidad femenina

Transformar cada historia personal en un símbolo de ayuda, es sinónimo de amor. Si hoy Anita Kirshbom Mardones abraza con fuerza la lucha a favor de la fertilidad femenina, es porque conoce el reto que supone para muchas mujeres el poder convertirse en madres.

Se describe a sí misma como una mujer de carácter, justo como su abuela materna. Con una indiscutible mezcla entre el acento chileno y venezolano prueba fidedigna de que su historia se divide entre ambos países, es una mujer de conversación franca y distendida.

Sus primeros años transcurrieron en su natal Santiago de Chile, donde recuerda haber vivido una infancia feliz en la que, si sus padres no podían ir a buscarla al colegio, ella podía tomar un bus y quedarse en toda la entrada de su edificio o jugar en la plaza de enfrente con sus amigos entrañables.

Fue cuando tenía 12 años de edad, cuando sus padres decidieron mudarse a Caracas, en busca de mejores oportunidades económicas. A pesar de que en un principio sintió cierta resistencia al cambio, ese fue el inicio de un maravilloso ciclo en su vida.

Anita Kirshom
Anita Kirshom hoy se dedica a la producción audiovisual

Huir de los progroms rusos y establecerse en Antofagasta

Cuando se le pregunta sobre la historia del apellido Kirshbom, Anita refiere que su abuelo llegó en 1905 desde Rusia a la región de Antofagasta, luego de que su familia dispersara a todos los hermanos a diversos países, debido al antisemitismo causado por los progroms rusos.

Su abuelo Salomón fue recibido en aquel entonces en casa de un tío, Adolfo Kirshbom, en donde se enamoró de su prima segunda, Aída. De esa relación, nacieron tres hermanos, uno de los cuales era Abraham Kirshbom Kirshbom, el padre de Anita.

En cuanto a la rama de su madre, cuenta que es hija de un español que residia en Chile, no judío y de una inmigrante rusa que se estableció en el país suramericano siendo una niña, junto a sus padres y sus cuatro hermanos.

A su abuela se le conocía como una mujer de armas tomar. De hecho, fue una de las primeras mujeres que en 1925 obtuvo el título de abogada en Chile.

Cuenta Anita que su abuela se casó con un profesional, a pesar de que no era judío, puesto que consideraba que su pareja debía tener el mismo estándar académico que ella.

Lamentablemente, enviudó joven debido a que el hombre fue asesinado en una pugna por unos terrenos, cuando su madre era apenas una niña. Por tanto, al perder contacto con esa ala familiar, su progenitora fue criada únicamente dentro de la cultura judía.

Una familia entre polos políticos

Como anécdota familiar, Anita cuenta que de aquellos recuerdos que conserva del Golpe de Estado en Chile de 1973, debido a las peleas entre su padre, hombre de derecha y su madre, quien tenía férreas convicciones de izquierda y apoyaba a Allende.

En aquella revuelta nacional, su padre perdió su fábrica de ropa su principal fuerza de trabajo por lo que debió abandonar sus estudios en medicina para dedicarse al comercio, y así mantener a su familia.

En aquel entonces, unos primos hermanos de su madre habían sido detenidos por la dictadura de Pinochet y esta, a escondidas de su padre, les llevaba alimentos a la cárcel, hasta que pudieron ser excarcelados y sacados a escondidas del país.

El establecimiento en Venezuela y la vida universitaria

Fue justamente de ese temor por evitar que su madre fuera apresada por participar en marchas y visitar a sus familiares detenidos, además del tema económico, que en 1978 decidieron salir hacia Caracas, donde ya se habían establecido un primo y su mejor amigo.

Para nadie es fácil dejar atrás una vida e iniciar otra, pero la familia Kirshbom así como la gran mayoría de inmigrantes que se establecieron en Venezuela, tenían toda la disposición y el entusiasmo de establecer un hogar próspero y en paz.

Así fue como siete meses después, tras haber llegado sin nada, su padre logró adquirir un apartamento familiar en Chacaito, un camión para comerciar zapatos en el interior del país con un amigo, y hacerse de un colchón económico importante para traer a su esposa y sus dos hijas.

Escribir contra Pinochet: la inspiración para ser periodista

Aunque los años pasaban, Anita sentía vivo dentro de sí el dolor y el miedo de lo vivido durante el gobierno de Pinochet, así que su anhelo era regresar a su país natal convertida en una periodista para escribir en contra del dictador.

Pero así como a muchos estudiantes, con el tiempo cambió de parecer: se enamoró de la rama de audiovisuales y consideró dedicarse a la producción, carrera a la cual todavía se dedica en la actualidad.

De esas memorias universitarias, recuerda las pasantías realizadas como asistente de Marietta Santana, de quien aprendió una gran lección: “no me vengas con un problema, sino me traes la solución”. Esta frase le marcó tanto, que hoy es uno de los pilares bajo los cuales trabaja y ha educado a sus hijos.

Mujer con lente oscuro en los ojos abrazada de dos hermosos niños que son sus hijos Junto a Eitan y Mijail
Junto a Eitan y Mijail

Hacer las maletas, reiniciar y volver a amar

Como cualquier joven universitaria, Anita encontró el amor en los salones de la UCAB. Pero tras un largo noviazgo de siete años y diferencias irreconciliables que la llevaron a reconocer la importancia del judaísmo en su vida, decidió divorciarse y poco tiempo después, regresar a su Chile natal.

Anita hoy se confiesa una mujer mucho más libre al momento de tomar sus maletas, construir una vida en otras latitudes, y reinventarse otra vez. Así que cuando su actual esposo le propuso irse a vivir con él a Estados Unidos, no se lo pensó dos veces.

Allí se establecieron durante siete años, en los que fueron testigos de episodios que marcaron a la humanidad entera como la caída de las Torres Gemelas, pero en los que también se enfrentaron a duros momentos personales, como los diez procesos de fertilización in vitro.

El retorno a Chile y el despertar espiritual

Dicen que quien persevera, alcanza. Tras ocho intentos fallidos, Anita logró cumplir el sueño de ser madre. Sus hijos, Eitan y Mijail, son la prueba del aplomo que tuvo en alcanzar tal anhelo. Como ella misma confiesa, su historia tuvo un final feliz, pero a veces las circunstancias no lo permiten.

Tras un divorcio difícil y después de unos años viviendo en Miami, decidió regresar a Chile en 2013 para que los niños convivieran con su padre quien había encontrado un buen trabajo en Chile, pero también porque en tierras australes estaba buena parte de su familia.

En ese momento, Anita comenzó a asistir a la sinagoga, a conocerse más a sí misma y a buscar significado en la espiritualidad judía, y en donde tuvo una sensación acogedora de sentirse en casa.

grupo de mujeres abrazadas sonriendo viaje solo para mujeres
Ayudar a otras mujeres en su sueño de ser madres

De allí, nacieron un par de iniciativas de viajes solo para mujeres: uno organizado por la organización Momentum (radicada en Washington) y cuyo destino era Israel, y otro en Buenos Aires, que fue ideado un año después.

En dicho viaje, las mujeres tuvieron la oportunidad de escuchar la charla de una terapeuta que había sido invitada a participar. Anita sentía que cada una de sus palabras iban dirigidas a ella, así que cuando la conferencista pidió que levantaran las manos aquellas que tenían ganas de hacer algo pero sentían miedo al cambio, ella no lo dudó y la levantó.

Y de ese despertar… Let’s Fight Infertility

fertilidad femenina
Con Mijail, nacida en Miami (2008)

De ese encuentro, nació la propuesta de Let’s Fight Infertility, una comunidad en Facebook e Instagram en la que Anita participaba para brindarle apoyo a otras mujeres que están pasando por la misma situación que ella alguna vez vivió en su camino a convertirse en madre.

Dulzura para el alma

Tras su propio recorrido, Anita se considera profundamente sensibilizada tanto con las causas de aquellas mujeres que desean convertirse en madres, así como de los niños hospitalizados.

Dulzura para el Alma es una fundación sin fines de lucro, fundada por una de sus mejores amiga del colegio, Dalia Rezepka, que busca compartir, escuchar, apoyar a los padres a través de un carrito que lleva un rico plato que sirve como un desayuno, un almuerzo y muchas veces la única comida de un padre o una madre durante su día en el hospital. Un gesto de cariño con los familiares de los niños hospitalizados por trasplante de médula ósea , que partió funcionando todos los miércoles y Anita instauró los Domingos.

Imagina lo triste y gris de un hospital un domingo por la tarde, y lo duro que es para un padre ver a su pequeño en cama

Un café o té caliente, una galletita, un simple gesto de calor humano que les recuerde que no están solos , y que también merecen una mano tibia en el hombro, cuando el panorama personal parece nublado.

Muchos de estos padres duermen en el piso, no tienen alimento diario porque son personas de bajos recursos. El pequeño carrito de Dulzura para el alma visita semanalmente a estos familiares que quedan al pendiente de los niños en el área de oncología y trasplante de médula del hospital Calvo Makena en la capital chilena.

Historias que contar con Anita Kirshbom Mardones

De esta preciosa historia de una mujer que no se rindió ante su anhelo de ser madre, se nos quedaron muchas anécdotas por contar. Sin embargo, te invitamos a que disfrutes de la entrevista completa.

¡Qué lo disfrutes!

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